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Abril, 2002
Entrevista de Michelle Svenson, Especialista en Cine yVideo,
NMAI
1 de Abril del 2002
Formación
en Igloolik
MS: ¿Puede decirnos su nombre y a qué pueblo
pertenece?
ZK: Zacharias Kunuk, soy Inuita ártico del este.
MS: ¿Puede contarnos un poco sobre su hogar?
ZK: Igloolik tiene algo así como 1200 o 1300 personas.
Es un pueblo chico. La comunidad se formó al final de los
cincuenta cuando el gobierno empezó unos programas de vivienda,
Igloolik fue sólo uno de ellos. Nosotros vivíamos
de la tierra, como nuestros ancestros, cuando llegó el
gobierno y construyó ahí un centro médico,
y unas tiendas, y empezó el colegio y todos teníamos
que ir. Mejor dicho, yo tenía nueve años cuando
cuando me obligaron a ir al colegio.
Yo venia aprendiendo de los cazadores, saliendo en trineos de
perros, y viendo como vivían en casas de pasto de un cuarto,
durmiendo todos juntos. Los papás enganchaban a los perros
por la mañana y salían de caza. Yo estaba por esa
época empezando a salir con los adultos y a aprender sobre
los perros y cómo se manejaban: para voltear a la derecha
o la izquierda, cómo parar o echar para adelante. Cada
vez que paraban a tomar té, mi oficio era desenredar los
lazos de los perros. Después, el verano siguiente, les
llegó a mis papás un mensaje del gobierno: 'Tienen
que mandar a sus niños al colegio. Al fin y al cabo les
estamos pagando bienestar familiar'. Los niños tienen que
ir al colegio cuando cumplen cinco años.
Así que yo vine a Igloolik en 1966. Crecer significó
ir a la escuela y aprender ingles, [que me dijeran] 'No hable
su lengua en el salón de clases, y los fines de semana
hay películas', pero ir a cine costaba 25 centavos. Así
que empecé a tallar, y vendía lo que hacía
para poder ir al cine. Dos años después mis papás
vinieron también a vivir a Igloolik, querían estar
cerca nuestro. Fué como un plan del gobierno para poner
a todo el mundo a vivir en el mismo sitio: 'Manden a los niños
al colegio y los papás vendrán detrás de
ellos'.
Luego, cuando yo era ya muchacho, la comunidad estaba dividida
entre Católicos y Anglicanos. Yo estaba en la mitad Anglicana
y mis primos en la Católica. Los curas Católicos
y los curas Anglicanos vinieron y nos dividieron. Mis primos Católicos
y nosotros [los Anglicanos] nos la pasábamos peleando,
nos tirábamos piedras, y nuestros papás discutían.
Imagínate, estas eran nuestras familias, cortadas por la
mitad, era horrible
'la cruz de ustedes y la cruz nuestra'
y 'nuestro Dios se fue al cielo y el de ustedes todavía
está en ahí clavado'. Ese era el ambiente, y los
niños Anglicanos no podíamos tener novias Católicas,
o jugar con ellos.
En esa época yo estaba creciendo, era escultor, estaba
aprendiendo de verdad y al mismo tiempo estaba empezando a experimentar
con cámaras de 35 mm. de distintas marcas, documentando
escenas de caza. Entonces un día en 1980 oí decir
que uno podía comprar una cámara de cine. Entonces
con un amigo hicimos esculturas mas grandes de lo normal y viajamos
juntos a Montreal. Yo tenía un acuerdo con una galería
allá y les dije que quería una cámara de
video.
Así que en el '81 compré mi primer cámara
de video, unas pilas, un televisor de 26 pulgadas y un pasapelículas.
Cuando volví a casa fui aprendiendo a usarla con el manual.
Aunque la cámara era a color, al principio la imagen me
salía en blanco y negro, y me demoré dos meses en
resolver el problema. Pero como en nuestra comunidad no había
televisión, cada vez que yo prendía la mía
en mi casa, los niños que estaban jugando afuera se pegaban
a la ventana para poder ver.
A veces caía en cuenta de repente que la casa estaba
llena de niños viendo televisión. Nosotros habíamos
votado dos veces para que no entrara la televisión a nuestra
comunidad, en 1975 y en 1979. No la queríamos porque no
había programas en Inuktitut, nuestro idioma. Luego, en
el '82, comenzó la Inuit Broadcasting Corporation (Corporación
Difusora Inuita), y al año siguiente teníamos televisión
con un canal. Diez años después metimos cable y
ahora tenemos doce canales. Podemos ver noticias sobre nuestra
comunidad y sobre lo que pasa en todo el mundo. Me acuerdo, por
ejemplo, de haber visto le Guerra del Golfo Pérsico desde
la sala de mi casa (se ríe asombrado).
Viendo el mundo desde la sala. En esa época yo trabajaba
para la Inuit Broadcasting Corporation, ahí trabajé
ocho años, entrevistando en cámara a ancianos que
contaban como las eran las cosas en los viejos tiempos. Yo quería
poder ver [sus historias] pero no existían grabaciones
de la época de que ellos hablaban. Decidí que quería
hacer mis propios proyectos pero la compañía no
me lo permitía, así que me separé y empecé
una compañía nueva. La iniciamos entre cuatro: Norman
Cohn, Paulossie Qualitalik, Paul Apak Angilirq, y yo; nosotros
cuatro fundamos la primer compañía Inuita independiente.
Después nos enteramos de que en Canadá hay becas
a las que uno puede postular y que con esos fondos se puede hacer
producción de video como se debe. Nos metimos en eso. Pero,
a medida que avanzábamos
hicimos una serie de televisión
en el 94-95 que se llamó Nunavut: Our Land (Nunavut:
Nuestra Tierra), eran episodios de media hora sobre la vida
de los Inuitas alrededor de 1945; hicimos los disfraces y actuamos.
Entonces hicimos eso, y nos parecía que el siguiente paso
a dar era hacer un largometraje. Pero nos sorprendió mucho
como funciona el sistema de financiamiento en nuestro país,
en Canadá. Como el inglés y el francés son
los idiomas oficiales, la mayoría de los fondos eran para
proyectos en esos idiomas. Era increíble, había
$65 millones en un año para producciones en inglés,
$35 para francés, y $2 para los pueblos indígenas.
Y con $2 millones se puede hacer una película, el problema
era que había un límite de cien mil dólares
por proyecto. Así que era completamente imposible hacer
algo de verdad. Tuvimos que luchar contra eso, y fue feo. Pero
finalmente logramos cambiar el sistema y así pudimos hacer
lo nuestro, Atanarjuat (El Espíritu del Artico).
MS: ¿Y cómo lucharon contra el sistema por
las becas?
ZK: Bueno, nosotros vivimos en el ártico y los
Inuitas pagamos impuestos, y pues no era justo que pagáramos
nuestra parte igual que todos los demás y nos dieran algo
tan poquito. Estábamos luchando por igualdad. Queríamos
ser considerados parte del talento del país. Queríamos
que nos dieran nuestra parte. Pero para que nosotros recibiéramos
algo, alguien más tenía que dejar de recibir. Así
que tuvimos que entrar con coraje. Es una historia muy larga.
Estuvimos peleando por el dinero cinco años. Después
de eso la filmación tomó un año y terminar
el film un año más.
MS: ¿Cuál es tu objetivo principal en la
realización de video?
ZK: Nada más que se vea la verdad de lo que pasó,
porque es que el Cristianismo nos hizo mucho daño. Antes
de que llegara el Cristianismo el infierno no existía para
nosotros. Para nosotros los muertos se iban para abajo, pero después
de un descanso volvían a subir a la luz del día.
Al cielo-día. Todo el mundo se iba al cielo-día.
Pero ahora llegó el Cristianismo y resulta que los que
si te portas mal vas a arder en el infierno. Nosotros no creemos
en eso. Entonces hay una cantidad de creencias y formas culturales
que han sobrevivido por miles de años y que han sido interrumpidas
y alteradas drásticamente en los últimos cincuenta
años. Eso no tiene ningún sentido, no lo tiene.
Así que que hay que demostrar que eso no tiene sentido.
Esa es mi misión.


Atanarjuat
(El Espíritu del Artico)
MS: Quisera empezar por preguntarte acerca de tu experiencia
aquí en Nueva York presentando Atanarjuat. ¿Podrías
describir como ha sido esta experiencia hasta ahora?
ZK: Hemos recibido buenas críticas, las presentaciones
se han llenado y el público ha hecho preguntas muy buenas.
Ha sido excelente.
MS: ¿Que tipo de preguntas te han hecho?
ZK: Al final sonaban ya repetidas: ¿Cómo
manejaban el equipo en temperaturas tan bajas? ¿En verdad
corrió el personaje quince millas? ¿Cómo
es Igloolik? ¿Todavía vive la gente así como
se ve en la película?
MS: ¿Cuál crees tú que fue la mejor
pregunta?
ZK: La mejor pregunta fue '¿Qué fue lo
que más te gustó del film?'
MS: ¿Y qué respondiste?
ZK: Mi respuesta es: Cuando armábamos el campamento,
y teníamos todo listo, las cámaras, el sonido, y
llamaba a los actores y ellos empezaban a acercarse, asomándose
detrás de las colinas, con sus disfraces puestos. Yo los
miraba y pensaba
así es como debía verse antes!
Ese era el mejor momento.
MS: ¿Y podrías contarnos la historia detrás
del argumento de Atanarjuat? ¿Es un relato tradicional
de tu pueblo?
ZK: Sí. Nosotros vivimos en una isla que ha sido
habitada por más de cuatro mil años, y la historia
ha sido transmitida de generación en generación.
Era un cuento que nos contaban antes de dormir cuando éramos
niños. Cuando llegó el Cristianismo nos prohibieron
tocar los tambores y contra historias. Decían que eso eran
asuntos del diablo y las tradiciones se fueron muriendo. Luego,
después de que trajimos la televisión, la gente
empezó a quedarse pegada a la pantalla, así que
ahí era donde queríamos estar nosotros. Lo que nuestra
compañía ha hecho es tratar de reanimar la tradición
narrativa. Y hay muchos mas Inuitas trabajando por recuperar su
cultura, de distintas formas. Nosotros sólo estamos haciendo
una parte con el video.
MS: La producción de Atanarjuat fue un trabajo
de equipo, ¿no? ¿Podrías describir los papeles?
ZK: Pues nosotros no trabajamos como trabajan acá
[en los Estados Unidos]. Aquí el director tiene un asistente,
y ese asistente tiene otro asistente. No fue así. Nosotros
más bien nos juntamos todos a hablar de lo que vamos a
hacer, y tratamos de entendernos bien. Si vamos a hacer una escena
en la que se usan carpas, por ejemplo, nos preguntamos si las
carpas están bien puestas; es responsabilidad de todos
que la toma salga bien, así que nos aseguramos hablando
entre todos para que las cosas estén donde tienen que estar.
Todo el mundo opina (ríe). Así es como trabajamos.
Y los actores por supuesto vienen de la comunidad, que es muy
chica, y cuando tienen que meterse en sus personajes yo nada más
se los digo y ellos lo hacen. Yo como director no tengo que hacer
casi nada. Porque el guión está ya escrito y la
gente sabe lo que tiene que hacer. Yo nada más digo 'acción',
y 'corten', y listo.
MS: ¿El éxito de la película, ha
ayudado de algún modo a la comunidad?
ZK: Pues sí. Parece que tuvimos que salir de nuestro
país para recibir reconocimiento. Pero bueno.
MS: ¿Y ya tienes listo tu próximo proyecto?
ZK: Sí, para este verano. Hemos estado investigando
para un proyecto que toca nuevamente el tema del chamanismo. Esto
ya lo hicimos en Atanarjuat, y fue muy controversial. Pero
en este proyecto queremos tratar el tema mas a fondo, y mostrar
todos los malentendidos que se dieron cuando llegó el Cristianismo-
sobre todo la manera en que nos tradujeron la Biblia. Eso fue
muy destructivo para nuestra cultura, y yo quiero mostrar como
sucedió en nuestra área.
MS: ¿Cómo le presentarías tu Atanarjuat
a una audiencia?
ZK: Si tu solamente has oído hablar de los Inuitas,
esta película te va a mostrar lo que necesitas ver- aquí
está la esencia del pasado Inuita. No hay ninguna influencia
externa, no hay europeos. Es totalmente Inuita. Eso es fantástico
porque a los Inuitas siempre los ponían de extras, bien
atrás. Y si hablaban el Inuktitut no quería decir
nada, era simplemente parte del espectáculo. ¿Cómo
funciona una lámpara de aceite de foca? A nadie le importa.
Podría perfectamente ser la antorcha Olímpica, les
daría lo mismo. Esto era lo que yo notaba cuando veía
películas sobre el Norte. Nosotros éramos parte
del decorado, y a quién le importa? Pues a nosotros.


Video
y la Comunidad
MS: ¿Tienes alguna preferencia entre documental
y ficción?
ZK: Prefiero el documental, pero yo no lo llamaría
documental. También es ficticio. Estás recreando
el pasado, o sea que es ambas cosas. Cuando empezó a salir
nuestro trabajo, decían que era docudrama. Mitad documental,
mitad drama.
MS: ¿Prefieres el video, especialmente digital,
al cine?
ZK: Yo siempre he trabajado en video, desde 1981. Es una
herramienta maravillosa. Cuando hacemos entrevistas, especialmente
con ancianos, podemos entrar con una cámara y empezar a
hacer preguntas, ellos van a decir la verdad, y con una cámara
de video podemos capturar eso inmediatamente, que es lo que queremos.
Luego podemos ver el material apenas acabamos de grabar, mientras
que filmando en cine, desde donde yo vivo, tengo que mandar a
revelar los rollos y esperar dos semanas para poder ver lo que
salió. Eso es un suplicio.
MS: ¿Has visto otros trabajos, especialmente documentales,
sobre los pueblos y culturas del ártico, como Nanook
of the North (Nanook del Norte), y qué te han parecido?
ZK: La pieza de Robert Flaherty fue filmada 400 millas
al sur de mi comunidad y a mí me alegra mucho que él
la haya hecho porque dejó un registro de esa cultura. Como
cineasta tengo críticas. Obviamente hay escenas en las
que él dirigió la acción, pero a mí
me alegra que existan documentos como ese. Me encantaría,
por ejemplo, que alguien hiciera un Atanarjuat desde otro
punto de vista. Nosotros somos sólo un grupito haciendo
este trabajo, y deberíamos ser más, así que
yo con ellos no tengo ningún problema.
MS: ¿Cómo crees que han afectado los videos
a la comunidad?
ZK: Nosotros nos pasamos la mitad del tiempo tratando
de hacer algo siempre más
ambicioso, o cómo
se dice
tratando de llegar más alto. Involucramos
a la comunidad poniendo a todo el mundo a trabajar. Como hace
frío necesitamos ropa hecha con cuero de caribú,
que sigue siendo lo mejor para este clima. Las señoras
que saben cocerla nos la hacen. Los abrigos de plumas no sirven.
Así que estamos haciendo todas esas cosas. Las mujeres
hacen la ropa de caribú y los hombres hacen todo lo que
son arcos y flechas y harpones, [lo que se necesite] lo hace la
comunidad. Nos estamos volviendo más como los que vivían
en el terreno.
MS: ¿Y se le está transmitiendo a los jóvenes
la lengua?
ZK: Inuktitut es el lenguaje principal en Nunavut. En
mi comunidad, cuando los niños van al colegio estudian
Inuktitut los primeros tres años. Aprenden a hablarlo,
a leerlo y a escribirlo. Después de eso, creemos que ya
han quedado bien sembradas las semillas y en el cuarto año
empiezan a aprender inglés.
MS: Y en tus filmes también usas tu lengua indígena.
ZK: Sí, porque nuestra audiencia principal son
los mismos Inuitas. Es un reto hacer un largometrage así,
por que hay ancianos que ven el film y si notan algún error
nos van a llamar la atención. Por eso tenemos que hacer
todo muy bien.
MS: ¿Se han interesado los niños en tu comunidad
en el arte de hacer video?
ZK: Por ahora los niños están muy interesados
en la película, porque por primera vez es en su idioma.
No es Schwarzenegger volando cabezas. Ahora es Atanarjuat.
Los niños hasta juegan con la historia, actuando partes.
Los papás me cuentan. Un papá me dijo que un día
estaba buscando a sus hijos y cuando los encontró vió
que estaban en una carpa jugando 'Atanarjuat'. Eso me encanta.
MS: ¿Has visto el trabajo de otros realizadores
indígenas, en Latinoamérica y aquí en Norteamérica?
¿Y cómo te relacionas tú con sus estilos
narrativos?
ZK: Me gustaría [ver más]. Siempre que
me preguntan quién es mi realizador indígena favorito
no sé que decir, porque yo vivo bien al norte y no conozco
a nadie. Allá estamos nada más nosotros. He visto
realizaciones de directores canadienses, como Alanis Obomsawin.
Su obra la he visto y la conozco, pero no conozco mucho.
MS: ¿Crees tú que has cambiado como persona,
o evolucionado como director? ¿Cómo?
ZK: Sólo cambio cuando hago estas giras y me la
paso hablando con reporteros y viajando de un lado a otro. Es
sólo cuando hago esto que cambio. Mi mente siempre está
en mi casa. Quiero montarme en un trineo y andar por el campo.
En mi mente yo nunca salgo de allá. Esto no me ha cambiado.
MS: Esta semana vuelves a casa. ¿Vas a poder estar
allá un tiempo?
ZK: Tengo dos semanas en abril reservadas, en las que
nadie me puede molestar. Me voy de caza (ríe).

Créditos
Fotográficos: Director Zacharias Kunuk
- Foto gentileza de Norman Cohn
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